Científicos anticipan un «Súper Niño» para 2026 con efectos en América Latina

Científicos anticipan un «Súper Niño» para 2026 con efectos en América Latina

El fantasma de los eventos climáticos extremos vuelve a consolidarse a nivel global. La comunidad científica internacional ha encendido las alarmas al confirmar que existen probabilidades de que este fenómeno alcance las máximas categorías durante el transcurso de este año. Este comportamiento atípico del sistema climático podría amenazar con reconfigurar los patrones de lluvias y temperaturas, en especial en Centroamérica y Latinoamérica.

Para comprender la relevancia del fenómeno, es necesario entender que El Niño es la fase cálida de un ciclo climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Este protocolo provoca un calentamiento diferente en las aguas del océano Pacífico tropical, lo cual altera la atmósfera y la circulación de los vientos. No obstante, cuando estas temperaturas aumentan, este evento meteorológico se intensifica destacablemente. Los expertos catalogan como «Súper Niño» cuando los grados superficiales del mar en la región clave denominada Niño-3.4 supera por 2 °C o más el promedio histórico, según reseña Caf.com

Desde que se tienen registros meteorológicos, la humanidad solo ha enfrentado tres Súper Niños: los periodos 1982-83, 1997-98 y 2015-16. Cada uno de estos fenómenos dejó una huella de desastres naturales, pérdidas económicas multimillonarias y crisis humanitarias debido a sequías prolongadas e inundaciones nunca antes vistas.

Las probabilidades para 2026

Los modelos de previsión climática actuales han comenzado a publicar estadísticas que obligan a los sistemas de las instituciones gubernamentales a tomar medidas de mitigación. Asimismo, los últimos informes indican que existe un 82% de probabilidad de que este evento haga su aparición oficial entre los meses de mayo y julio del presente año.

Por otro lado, los efectos de un Niño de gran intensidad no serán constantes. El fenómeno actuará con ciertas variaciones, específicamente en Sudamérica; por un lado, países como Colombia, Venezuela y el norte de Brasil se preparan para enfrentar condiciones críticamente más secas de lo habitual. Esto se traduce en un riesgo elevado de incendios forestales y caídas severas en los niveles de los embalses. Por el otro, en el sur de Brasil, Uruguay, el norte de Argentina y el centro de Chile, las principales proyecciones meteorológicas prevén lluvias muy por encima del promedio estacional.

Sin embargo, en otras regiones la distribución del impacto climático dejará escenarios que podrían ser muy complejos. Centroamérica y el Caribe sufrirán el calor extremo y una sequía prolongada, lo que provee un fuerte estrés hídrico y pérdidas masivas en la agricultura local.

Ante esta situación, los organismos de gestión de riesgos de toda la región y la Cruz Roja instan a activar los protocolos de contingencia. La diferencia entre un desastre inevitable y una crisis controlada dependerá de las medidas de seguridad con las que los países afectados utilicen estos meses para limpiar cauces de ríos, reforzar infraestructura, almacenar recursos y ampliar sus modelos energéticos antes de que el «Súper Niño» alcance su punto más alto en lo que resta de año, según reseña Ifrc.org