Al ritmo de la Samba: La evolución histórica del Sambódromo de Río

Al ritmo de la Samba: La evolución histórica del Sambódromo de Río

El Carnaval de Río de Janeiro, considerado el mayor espectáculo de la temporada, no siempre gozó del despliegue arquitectónico que actualmente conocemos. Su historia es la crónica de una expansión que evolucionó, una transformación que llevó la celebración desde una plaza pública hasta un escenario cultural e internacional.

El origen de este formato que define al carnaval actual se remonta a 1935. En aquel año, la Plaza Once albergó el primer desfile oficial, estableciéndose como el epicentro de una tradición de más de tres décadas. No obstante, la popularidad del evento superó los límites del espacio físico, transformando esta celebración en una festividad trascendental.

Hacia mediados de los años 60, el evento se trasladó a la Avenida Presidente Vargas. Este cambio busca ir más allá de lo estético, su objetivo era encontrar un escenario con mayor capacidad para una audiencia que crecía exponencialmente. Fue en este periodo, entre 1965 y principios de los 80, cuando las agrupaciones evolucionaron hasta convertirse en las organizaciones que hoy conocemos como «Escuelas de samba».

Por otro lado, para finales de los años 70, las calles del centro de la ciudad ya no podían soportar el volumen de asistentes ni el desfile de las carrozas. Ante este desafío, surgió la iniciativa de crear un espacio permanente dedicado a esta celebración tradicional.

El proyecto fue encargado al arquitecto Oscar Niemeyer, quien diseñó lo que actualmente conocemos como el Sambódromo. Oficialmente bautizado como Paseo Profesor Darcy Ribeiro, el recinto se consolidó en la Avenida Marqués de Sapucaí, según reseña Infobae.com

El recinto ha pasado por importantes fases de actualización para mantenerse actualizado. Asimismo, el Sambódromo demostró su versatilidad al ser sede de los Juegos Olímpicos de Río, albergando las competencias de tiro con arco y la llegada de la emblemática maratón.

En la actualidad, este recinto de hormigón y arte representa un motor económico y cultural de la ciudad durante el mes de febrero. La estructura no solo es un monumento a la arquitectura moderna, sino el testimonio de cómo una danza popular se transformó en una industria que acompaña la identidad de Brasil, según reseñó NationalGeographic.com