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  • Jueves Santo: La institución del sacerdocio y la Última Cena

    Jueves Santo: La institución del sacerdocio y la Última Cena

    Jueves Santo: La institución del sacerdocio y la Última Cena

    El día de la Cena del Señor es una celebración litúrgica que representa uno de los momentos más complejos y significativos del calendario católico. No solo marca el fin de la Cuaresma, sino que abre solemnemente el Triduo Pascual, el periodo donde se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Es una jornada marcada por la entrega, el servicio y la consolidación de los pilares claves de la Iglesia: la Eucaristía y el Orden Sacerdotal.

    Las celebraciones inician durante la mañana con la Misa Crismal, una liturgia de un profundo significado institucional presidida por el Obispo en la Catedral de cada diócesis. Asimismo, en esta ceremonia, el obispo consagra el Santo Crisma y bendice los óleos que se utilizarán durante los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de los Enfermos de todo el año. Este acto es, además, una fiesta para el clero. Los sacerdotes, reunidos en torno a su pastor, renuevan sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso de vida consagrada y servicio al pueblo de Dios, según reseña Nationalgeograohicla.com

    La Última Cena 

    «Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos, y dijo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo». Después tomó la copa, dio gracias y se la pasó, diciendo: «Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados» – Mateo 26: 26-28

    Al caer la tarde, la atención se adapta a la Misa de la Cena del Señor. En esta liturgia se recuerda el «regalo de amor»: la Institución de la Eucaristía. Según el relato evangélico, durante la Última Cena, Jesús tomó el pan y el vino para transformarlos en su Cuerpo y Sangre, estableciendo así un memorial perpetuo de su sacrificio.

    Este día se honra también a quienes, inspirados por el ejemplo de la Virgen María, han decidido abrazar una vida entregada a seguir Jesús, reconociendo en la Eucaristía la fuente de su misión evangelizadora.

    El lavatorio de los pies

    Uno de los gestos más conmovedores del Jueves Santo es el Lavatorio de los Pies. Al repetir el acto realizado por Jesús con sus discípulos, la Iglesia destaca que la jerarquía cristiana no se debe basar en el poder, sino en el servicio a las comunidades.

    «Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Porque ejemplo les he dado…» Juan 13: 4-5

    Este acto es una invitación directa a la caridad y a la solidaridad con los más necesitados, recordándoles a los devotos en todo el mundo que la verdadera fe se traduce en acciones de amor a quienes nos rodean; así como Jesús lavó los pies de sus discípulos, ÉL nos invita a hacer lo mismo con quienes más sufren.

    El Jueves Santo es el inicio de la noche en la que se recuerda la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos y su posterior entrega, preparando el camino para el luto del Viernes Santo, mientras los devotos de todo el mundo acompañan el dolor de Virgen María y el Santo Sepulcro, según reseña Catholic.net

  • La Última Cena: el origen de la eucarística celebrada el Jueves Santo

    La Última Cena: el origen de la eucarística celebrada el Jueves Santo

    La Última Cena: el origen de la eucarística celebrada el Jueves Santo

    Cada día de la Semana Santa nos recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús quien, por su infinito amor, como señala la biblia, decide cargar con nuestros pecados llevando la cruz. En esta jornada solemne de jueves, la Iglesia Católica conmemora la trascendental Institución de la Eucaristía y el establecimiento del Sacramento del Orden Sacerdotal. La memoria litúrgica se centra en la Última Cena, el momento culminante en el que Jesucristo compartió su última comida con sus apóstoles antes de su Pasión, pronunciando las palabras que resonarían a través de los siglos: «Hagan esto en conmemoración mía».

    La liturgia del Jueves Santo transcurre en diferentes etapas, al empezar la celebración se canta el “Gloria”, con el repique de las campanas. Pero este sonido debe finalizar tras el canto, dejando a la Iglesia en silencio hasta la Vigilia Pascual, simbolizando el luto por la Pasión y Muerte del Señor. Luego sigue las lecturas de este día, el Éxodo nos lleva a la tradición pascual judía, detallando la liberación de Israel de Egipto, mientras se recuerda cómo Jesús, siendo judío, compartió esta cena con sus apóstoles, siguiendo la tradición que incluía el sacrificio de un cordero y su sangre como señal de purificación, según reseña Catholic.net

    En este contexto, Jesús instituyó la Nueva Alianza en su sangre, ofreciéndose como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En la Última Cena, tomó el pan y el vino, los bendijo y los dio a sus discípulos, diciendo: «Este es mi cuerpo» y «Esta es mi sangre», instituyendo la Eucaristía, el sacramento de la fe que perpetúa su presencia entre los fieles.

    Importancia de esta celebración

    Así, el Jueves Santo señala el paso de la Cuaresma al Triduo Pascual, esos tres días que terminan festejando la Resurrección de Cristo. La misa de ese día nos mueve a pensar en la misericordia de Jesús, quien fundó el sacerdocio para seguir con su labor de salvación por siempre.

    La visita de los siete templos

    Una costumbre popular en la tradición católica, durante la noche del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo, es ir a siete iglesias. Esta costumbre busca acompañar a Jesús espiritualmente en su sufrimiento en el Huerto de los Olivos y darle gracias por el regalo inmenso de la Eucaristía y del sacerdocio. Cada visita a una iglesia muestra un momento del camino de Jesús hacia la Cruz, dejando que los creyentes se unan en oración y meditación a los misterios de su Pasión.

    El Jueves Santo, mientras las campanas anuncian con su último repique la Solemnidad del Triduo Pascual, la comunidad católica se une en gratitud por el regalo que significa la Eucaristía, la presencia viva de Cristo entre nosotros, y por el don del sacerdocio, que es instrumento de su amor y servicio. Este día marca el inicio del misterio pascual, invitándonos a contemplar el amor divino que se entrega para prepararnos para la celebración de la Resurrección.