El Avaro de Molière

El Avaro de Molière

La sala Rajatabla abre de nuevo sus puertas a una voz que llega del interior con la fuerza de quien no tiene nada que perder y todo que decir. La Compañía Municipal de Teatro de Iribarren y Club 30 Producciones de Barquisimeto, estado Lara, regresan a Caracas por cuarto año consecutivo con su montaje de El Avaro, la inmortal comedia de Molière reinterpretada desde las entrañas del presente.

Bajo la adaptación y dirección de Johalber Hurtado, esta producción no es una versión de museo ni un ejercicio académico. Es teatro hecho con las manos, con orgullo y rebusque, con la convicción de que el arte sobrevive —y trasciende— en los momentos más adversos. Una puesta en escena que toma la escasez como punto de partida para convertirla en un lenguaje estético propio: el Barroco-Punk.

Tomando como referente la poética del grupo sevillano Atalaya, la compañía larense ha desarrollado una visión escénica donde el remiendo, la costura visible y el material reciclado no son limitaciones, sino el corazón mismo del discurso. Los vestuarios —elaborados con tela reciclada— no disimulan su origen: lo proclaman. Cada parche es una firma. Cada costura, una historia.

El elenco larense, encabezado por Omar Aguirre como Harpagón, utiliza el cuerpo como principal trinchera de acción. No hay tramoya que supla lo que doce actores comprometidos logran con la carne, el aliento y la precisión del gesto. El Harpagón de esta producción no es un noble pulido; es un retrato barroco intervenido por la necesidad, como un óleo antiguo reparado con tirro y grapas. Su locura es la de quien cree controlar el mundo desde el vacío.

«Este año traemos una producción de lujo, traemos una producción de resistencia. El Barroco-Punk es la estética del remiendo, donde la costura del hambre y el control burocrático de Harpagón son visibles.» — Johalber Hurtado, Director

MOLIÈRE VIVO: LA AVARICIA COMO ESPEJO DEL ALMA HUMANA

La comedia de Molière lleva más de tres siglos haciendo reír y pensar. En esta versión, la risa no oculta la incomodidad: la amplifica. Harpagón no es un excéntrico pintoresco; es el mecanismo de control que sofoca el amor, la juventud y la alegría en nombre de la acumulación. Su obsesión es un vacío que devora a todos los que lo rodean.

Pero El Avaro también es la historia de quienes resisten desde abajo. Brindavoa y Merluche, los criados invisibles, representan la cara más humana y solidaria de la condición colectiva: en medio de la avaricia del poder, la ternura y el apoyo mutuo son los únicos recursos que nadie puede confiscar. Y en el desenlace, cuando la familia se reconstruye a través del afecto y Anselmo regresa como símbolo del orden y la justicia, queda flotando una pregunta incómoda: ¿qué estamos dispuestos a remendar para no perder nuestra humanidad?

UNA COMPAÑÍA QUE SE NIEGA A DESAPARECER

Cuatro años visitando la sala Rajatabla desde Barquisimeto no es una casualidad: es una declaración de amor al teatro y al público caraqueño. Con Romeo y Julieta (2023), Lex Serpentis (2024), Hamlet (2025) y ahora El Avaro (2026), la compañía ha construido un vínculo real con los escenarios de la capital, sostenido no por la abundancia sino por el ingenio, el talento y la voluntad creadora.

Una producción del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Iribarren y Club 30 Producciones, que demuestra que el teatro de municipios también tiene algo grandioso que decirle a la capital. «Es un teatro hecho con las manos, con orgullo y rebusque. Queremos que Caracas disfrute y apoye el estreno de nuestro trabajo.» — Johalber Hurtado